
En noviembre del año pasado comencé el trámite para el programa de intercambio México-Francia para la enseñanza de idiomas.
La convocatoria ya la conocía desde cuando iba a mitad de la carrera, pues nuestros maestros de francés siempre nos animaban a prepararnos y solicitar la beca cuando llegara el momento.
El momento llegó, y después de un camino en el que hice cosas para tener mayor oportunidad para que me otorgaran un lugar en este programa - y sobre todo mi título -, comencé con la elaboración de la documentación. Ensayos de cultura mexicana, currículum, cartas de motivos, y otros requisitos más los fui juntando.
El primer dilema: saber de qué trataría mi ensayo. Claro, sería de literatura, pero ¿de qué periodo en específico? Después de pasar de la literatura de la onda a la literatura decimonónica, me decidí, y comencé a escribir a mano (es requisito, a huevo tienen que ver tu letra) el ensayo, y así cada uno de los puntos que pedían en un cuestionario.
Posteriormente, llenar el dossier con tu santa manita (ya muy cansada después de escribir cerca de 15 cuartillas) y en francés. Ah, y claro está, ir por las fotos de tu carita para que te conozca el jurado aunque sea en foto (por lo menos a quienes no van a entrevista).
Además, solicitar tu certificado médico con sello de validez y garantía, jajaja. En este caso mi experiencia fue recurrir a un centro de salud que no me correspondía, pues dado que con la eficiencia del seguro social y las citas que las dan a la brevedad, pues ya no tenía tiempo suficiente; tuve que fingir demencia en cuanto a no saber qué centro me correspondía, y me atendieron, aunque al final me dijeron que no lo volviera a hacer y que sería la primera y última vez que me darían servicio ahí, jejeje
Otro logro, conseguir las cartas de recomendación de los maestros de francés. Si bien las tenían listas, debían ir selladas. El poderoso sello lo tenía el jefe de departamento de idiomas, pero claaaaaaro, andaba de viaje y regresaría cuando la convocatoria se cerraba. Aún así, quedaba oportunidad de sellarlas en el centro de idiomas, pero los dichosos y eficaces empleados del centro no querían prestar el sellito, todo por una rivalidad entre los de inglés y francés...nooooo.
Al final y gracias al carisma de mi proffeseur, sellaron las cartas de recomendación.
Finalmente, sólo quedaba enviar el bonche de documentación, y esperar respuesta.
En diciembre llegó al correo la primera señal de que estabas dentro del proceso de selección: la cita a las entrevistas. Para unos, significó enfrentarse a un jurado cruel en enero, para otros, salvarse de ese encuentro, pero no de la espera a saber los resultados definitivos en febrero.
Y así, se cumplió un primer paso en este recorrido.
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