
Después de unos muchos días de espera y pláticas con otros asistentes, llega el contrato. Ya lo tengo desde hace unos días, y ya sé a qué liceo y en qué ciudad estaré: Vernon.
Como se presentan las cosas, parece todo inspirador: ciudad tranquila, tutores amables, alojamiento seguro. Ahora sí, las cosas son un hecho, y la visa es lo que queda para asegurar en un 100% el camino al país galo.
Las cartas están puestas para un fin y un inicio, y sobretodo, para transformaciones.
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