Noches, tardes, días en los que se comparten las culturas de distintos puntos del mundo. Pseudo platillos típicos, con ingredientes no siempre originales, pero que semejan el sazón del país oriundo.
La verdadera prueba para una mayoría, el famosísimo y picoso chile mexicano, traído a tierras lejanas como un preciado tesoro y empacado con sumo cuidado. Qué mejor pretexto para reunirse. Un reto más, los caracoles.
Por otro lado, ¿quién podría creer que en lugares del Viejo Continente se cree que en México se toma "Desperados", o sea, cerveza sabor tequila?
Ah, las Leaderitas, clones de las margaritas hechas con los productos al alcance de los bolsillos de una mezcla estudiante-profesor, que se juega su tiempo entre estos dos roles.
Encuentros así son los que dan sabor a experiencias de intercambio, en las que unos y otros se conocen y comparten un poco o mucho de su forma y costumbres, que sirven para romper o confirmar estereotipos. Estas reuniones en las que afortunadamente se da el interés y respeto por el otro, son de las más enriquecedoras y que en la memoria quedarán.
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