22 agosto, 2010

Un rêve

Te ví en un mundo paralelo donde se mezclan tiempos y espacios.

Yo salía corriendo de un edificio gótico por una avenida amplia y rodeada de árboles altos. Estaba a la búsqueda de aquella anciana de blanco que era la ayuda de todos, y que por alguna extraña razón había desaparecido y ahora, yo debía encontrarla.

Caminaba rápidamente por esa avenida, después de haber tocado en ese recinto aquel taburete dorado con rojo y de haber bajado las escaleras. Las calles tenían cuadros grandes de cemento, y en mi mente venía la imagen de aquella mujer.

De repente, volteaba a mi derecha y te encontré. No te reconocí de inmediato, pues tu peinado engomado no era aquél que usualmente conozco, pero un viento se encargó de acomodarlo como en aquellas fotografías donde lucía largo. Vestías muy a la época, con un traje medio cervantino español y verde, tu color predilecto.

Detuve mi camino y corrí a tu encuentro, pues sabía que tú me ayudarías. Después de saberte lejos y que hacía tiempo que no te veía, me alegraba verte. De pronto, nos vi cuando nos enlazábamos, algo gracioso porque tú tan alto y yo tan peque y con falda amplia.

No fue necesario explicarte lo que necesitaba, y nos pusimos en marcha para encontrarla. Llegábamos a la plaza, llena de humo de incienso y de gente que vendía en sus puestos, algo así como un Zócalo de la Colonia.

Alzaba la vista, y la Catedral se imponía. Sentimos que cerca de ese lugar estaba aquella mujer, en un lugar bajo las piedras grises que se abrirían ante nosotros, pero antes, debíamos obtener ese libro pesado donde estaría la clave.

1 comentario:

  1. ¡Ya quiero el segundo capítulo! Chica, que bellos y fumados sueños :P

    ResponderEliminar