08 marzo, 2010


Y después de varios meses, París adquirió un sabor auténtico: la bebí, la comí, la descubrí. Todo fue sin premeditación, todo fue dejado al azar: sólo un boleto de tren de ida, una bolsa pequeña con lo necesario, un mapa y algo de efectivo

La compañía se fue dando en el momento, y se disfrutó. La ví dormir, la vi despertarse y se reinventó con esos pequeños detalles.

Ahora sí puedo decir "Paris, je t'aime"

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